Las aromáticas y las flores comestibles son las plantas más honestas del jardín. No esconden nada: lo que huelen, lo que saben, lo que curan, está ahí desde el primer momento. Solo hay que acercarse y prestar atención.
El jardín que se come
La frontera entre el jardín ornamental y el huerto es, en gran medida, artificial. Muchas de las flores que consideramos decorativas son perfectamente comestibles y tienen usos culinarios con siglos de historia: las caléndulas, las borrajas, las nasturtiums, las violetas, los pensamientos.
En la finca cultivamos flores comestibles y aromáticas justo en esa zona de cruce. Las flores no son decoración: tienen nombre, historia y sabor. Las aromáticas no adornan un plato, lo construyen desde dentro.
Cinco aromáticas para empezar
Romero: perenne, resistente a la sequía, con usos medicinales, culinarios y como repelente natural de algunas plagas. Perfecto para borduras.
Tomillo: de crecimiento rastrero, ideal para zonas soleadas y suelos pobres. En Canarias hay especies silvestres que merece la pena conocer antes de importar variedades continentales.
Albahaca: la única que pide calor constante. En medianías hay que esperarla hasta mayo y protegerla en octubre. Pero da mucho a cambio.
Hierbabuena: invasiva si no se controla, pero inagotable. Plántala en maceta dentro del bancal para limitar su expansión.
Lavanda: más ornamental que culinaria en Canarias, pero un imán para los polinizadores. Compatibilidad alta con todo tipo de cultivos a su alrededor.
Flores comestibles: por dónde empezar
La caléndula es la más fácil: crece sin problemas, florece casi todo el año en Canarias y sus pétalos tienen un sabor ligeramente amargo que funciona muy bien en ensaladas y arroces. Es también una aliada del huerto: repele algunas plagas y atrae polinizadores.
Si quieres saber más sobre cómo integrar aromáticas y flores comestibles en tu espacio, podemos hablarlo.
